22 mayo 2016

Discutir como forma de hacer fluir el conocimiento

Recientemente, y casi sin buscarlo, me vi envuelto en un debate sobre el paso que tenemos por la vida y lo que creemos que hemos venido a hacer, tema sumamente interesante y del que tengo una firme y convencida opinión desde hace ya muchos años. 


Opinión tan elaborada y en la que he dedicado tanto tiempo que, de buenas a primeras, puede impactar por la contundencia de mis palabras. Sí, tengo el defecto de no irme por las ramas y hablar con somera dirección, cosa que, a veces, puede crispar un poco los ánimos. Sin más voluntad que la de aprender discutiendo (es una de mis más apreciadas aficiones) expongo mis argumentos, los cuales tengo estructurados en mi mente como si de un índice se tratara, y los defiendo a ultranza a la espera de que alguien ponga sobre la mesa un argumento en contra de más peso que me obligue a sacar lo mejor de mi.

Por supuesto, hay que ser coherente. De nada sirve defender argumentos de los que no se está convencido o, más grave aún, bien documentado. Esto ya lo hacen los políticos y todos nos avergonzamos de ellos.

Así que, encontrar a un oponente en el debate que esté a la altura es muy interesante, pues es una forma de obtener conocimiento del otro como si de una succión de energía se tratara, a la vez que fuerzas a tu sique a exponer tus más y mejores argumentos para salir victorioso. Una vez puesto en zona de incomodidad y siendo poseedor de sólidos argumentos no hay marcha atrás, eso sí, hay que intentar que la situación no se descontrole y pase a fases superiores en que el modo debate entra en la hostilidad. Por desgracia, situación habitual cuando se tratan determinados temas (¿he oído política?) como el dinero.



Aún me sorprende que haya gente que culpe a los demás, a la sociedad, a la suerte, a su jefe o al mal tiempo de su situación personal, pues entiendo que, por suerte, hemos nacido libres y tenemos la capacidad (y diría que hasta la obligación) de decidir nuestro futuro. El presente nos viene marcado por las decisiones que tomamos en el pasado, y eso no lo podemos cambiar. Pero, una vez tomada conciencia podemos marcar el camino de nuestro futuro haciéndolo mejor en el presente. Sin duda nos vamos a equivocar en muchas de ellas, pero el mayor error, y citando a Burke, es pensando que puedes hacer poco, no hacer nada. Esto es como el efecto mariposa o, más aún, como el interés compuesto, en que un pequeño movimiento al principio basta para desencadenar una gran cosa más adelante.

Una vez leí que somos una media de las cinco personas con las que nos rodeamos habitualmente. Afirmación llena de matices, pero que nos trae al frente una importante y cierta reflexión. Rodéate de quien sea mejor que tu y progresarás. Corolario, ¡elige bien a tus amistades!

Hagas lo que hagas, discutas con quien discutas, importante no abandonar nuca las formas y la educación. El respeto hacia los demás es lo que nos separa del resto de los animales y es síntoma de constante evolución. Perder las formas y la educación es tener muy poca clase y, a no ser que seas poco consciente, nadie quiere tener poca clase. Aunque esto ya forma parte de otro “acalorado” debate.



SUSCRÍBETE PARA RECIBIR TODAS LAS ENTRADAS EN TU EMAIL
APUNTA AQUÍ TU DIRECCIÓN





2 comentarios:

  1. Interesante reflexión, gracias por compartirla

    ResponderEliminar
  2. La verdad, habías empezado tan grave el post que creías que nos ibas a dar más la "chapa", como ese sermón que nos sueltan nuestros padres que queremos que acabe rápido pero que nos hace reflexionar y avanzar en la vida... las buenas medicinas siempre fueron amargas JAJAJA!!!

    ResponderEliminar