20 marzo 2016

Políticos: ¿Dónde tenéis la puta empatía?

No puedo contener tanta rabia e impotencia al ver como la Unión Europea está tratando el tema de los refugiados sirianos. Parece que no hay ni unos mínimos valores humanitarios entre tanta política. Ni sitio para la compasión, y menos para la empatía. Personas como nosotros intentando salvar su ya de por si triste vida, inmersos en una guerra civil que no se va a resolver en muchos años. La peor crisis humanitaria desde la segunda guerra mundial y no hemos aprendido nada. 

Mi estómago se encoge cuando veo que Europa construye muros para separar la vida de la muerte. NI un ápice de humanidad queda. Asco profundo siento cuando ciertos países se niegan a aceptar refugiados por su condición de musulmanes. Asco profundo siento cuando en medio año solo se ha reubicado a doscientos refugiados dentro de las fronteras europeas. Vergüenza saber que Canadá, estando en la otra punta del planeta, ha reubicado quince mil refugiados en tres meses. No quiero ser europeo, así no. No puedo ser algo de lo que no me sienta representado.

Quizá haya algo que no entienda, o no me hayan explicado bien. Un día fuimos refugiados de guerra aquí también y nos repartimos por el mundo sin demasiados problemas. Nos aceptaron sin más, y en ningún caso nos levantaron un muro en las narices. Hemos perdido toda empatía y memoria. 

Pero la última gota, aquella que hace colmar el vaso, ha sido al ver lo molestos que se han quedado desde el gobierno central español al ver que el presidente catalán ha mandado una carta al comisario europeo mostrando la voluntad de aceptar 4500 refugiados en fronteras catalanas, 600 de ellos de forma inmediata. No me lo podía creer. Que falta de valores. Y que no me digan que es un problema de dinero, porque dinero hay, pero para lo que se quiere.

Me dejaba el pacto de la UE con Turquía para expulsar masivamente a los refugiados. Lavarsene le mani utilizan los italianos para expresar desentendimiento sobre algo.

Hoy, más que nunca, siento vergüenza de lo ruin y miserable que puede ser el ser humano, de cerrar fronteras cuando la vida depende de ello y de no estirar el brazo cuando te están pidiendo la mano. 

Ya no se trata de ser europeo, español o catalán. Se trata de ser persona. Quizá un día nos pase a nosotros y nos cierren la puerta. Aunque dudo que se pueda llegar a caer más bajo que nuestros dirigentes actuales.



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