12 julio 2014

Una larga carrera llamada vida

Dicen que somos una media de las siete personas con las que más nos relacionamos. Quizá solo sea una de esas teorías que no podrá comprobar nunca nadie pero, como mínimo da para reflexionar un rato.

Piensa con quién te relacionas. Familia, amigos, trabajo, conocidos etc. Leí en algún sitio que si te juntas con gente que no sigue tu propia filosofía al final acabas haciendo menos aquellas cosas que tú querías hacer y acabas haciendo más lo que quieren hacer los otros. Quizá sea por eso que llaman “integración social”. Tiene su lógica.

Lo importante es saber si con la gente que pasas la mayoría del tiempo comparten algún punto de vista de tu filosofía de vida. O, por el contrario, sois como la noche y el día. En este caso poco se puede hacer más que echar unas risas. Puede parecer una tontería pero solo hay que ver que las personas se juntan por grupos. Si juegas en un equipo de fútbol posiblemente esos compañeros acaben siendo una especie de amigos con los que salir algún día. Los que tienen un estatus social diferente buscan círculos que compartan ese mismo estatus. Los jugadores de fútbol de élite buscan a chicas top. Así podríamos poner muchos ejemplos.

vida-carrera-de-fondo


Recuerdo que cuando iba a la universidad tenía un gran feeling con un compañero apasionado de la meteorología. Nos pasábamos horas hablando de nubes, de experiencias pasadas y de los planes de futuro relacionados con dicha temática. Te cuento esto porque tengo esa sensación de que pocas veces he conseguido conectar de una manera tan profunda con alguien y, probablemente, si lo piensas detenidamente te haya pasado lo mismo. Una cosa es conversar un rato de vez en cuando. Los típicos amigos de pareja que se ven una vez cada tres meses y pasan el día juntos. Un buen día para desconectar pero no hay profundidad. Y lo que busco cada vez más es hablar profundo. Aquel tipo de cosas que no se las puedes contar a cualquiera que pase en tu vida. Hay muchos cometas Halley en tu vida, aquellas personas que las ves venir y cuando te das cuenta se han llevado una parte de ti (en forma de tiempo) y ya no las vuelves a ver nunca más.

No he vuelto a saber nada de ese compañero universitario. Me consta que él acabó haciendo lo que le gustaba y yo, también, pero en otro tipo de actividades. Al final lo que importa es sentirse cómodo con uno mismo. ¿Y las relaciones? pues como todo. El roce hace el cariño que dicen.

Reconozco que desde que escribo esta bitácora he repetido experiencias muy parecidas a lo que viví ya hace más de una década. He conocido a gente sumamente interesante con la que mantengo el contacto tanto como mis obligaciones y mi día a día me permiten. Que suele ser menos de lo que me gustaría, por supuesto. Hay historias increíbles ahí fuera y lo más enriquecedor que he podido hacer es abrir mi, de por sí, cerrada “sociabilidad” y salir a conocer gente que comparte parte de lo que pasa por mi cabeza todos los días. Sin duda un punto a favor para seguir subiendo niveles en el juego que nos traemos entre manos.

Porque, al final, lo que importará algún día es parar un momento. Sentarse mirando al vacío y hacer memoria. Es, en ese momento, cuando la conciencia evaluará si lo que has vivido ha merecido la pena. Si has tenido experiencias de calidad, si has ayudado lo suficiente a la gente que te ha necesitado. Es, en ese momento, cuando no podrás mentirte. Es el examen final de una larga carrera llamada vida.



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1 comentario:

  1. No es fácil elucubrar este tema. Lo has simplificado muy bien, Gerard.

    Parece ser que en el fondo, son las relaciones con las personas lo que da sentido a la vida.

    El dramaturgo Arthur Schnizler dijo: " Estar preparado es importante, saber esperar lo es aún más, pero aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida".

    Saludos,
    Roberto.

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