12 marzo 2012

Cambiar la mentalidad sobre el dinero

En los países católicos hablar de dinero en público es casi cómo un falta de respeto o un símbolo de superioridad mezclado con prepotencia.

En este país no está bien visto contar a los cuatro vientos lo que gana uno, lo que hace para ganarlo y el que lo hace es un ser que se cree superior por tocar este tema tabú que es el dinero. La gente no pregunta por miedo o vergüenza a no ser correspondida y ahí se pierden grandes oportunidades de aprender de alguien que ha conseguido algo que tú no tienes.

En los países anglosajones es habitual que la gente te cuente sus planes, lo que gana, en que invierte etc. Es más, ellos mismos están dispuestos a abrirte sus ”secretos” si con esto puedes aprender y progresar.


Hay una escena muy impactante de la película “En busca de la Felicidad”, interpretada magistralmente por Will Smith, en que se ve un director de empresa salir de un flamante deportivo rojo y el protagonista de la película se acerca y sin dilaciones le pregunta- ¿Que ha hecho usted para llegar hasta dónde ha llegado?
Hay que cambiar la mentalidad, estamos muy estancados y parece que la persona que no trabaja sus ocho o diez horas al día, y sin protestar, es un rebelde sin causa. Siempre he estado a favor del individuo, el ser creativo y alejarse del mundanal ruido que hace la masa al pasar.


Un claro ejemplo de la mentalidad católica es el que leí en un libro hace poco en que contaba una anécdota en que un emprendedor le proponía a un posible socio el 20 % de los beneficios del proyecto que le iba a proponer y la persona en cuestión en vez de negociar el porcentaje e intentar rascar algunas décimas lo único que fue capaz de decir es que cuanto ganaba él y que si no era a partes iguales nada de nada. Con mentalidades así no llegaremos muy lejos.

Hay que hacer preguntas directas y no perder el tiempo en ir por las ramas. Si encontramos a alguien que no habla con dirección y que no contesta a nuestras preguntas estamos perdiendo el tiempo.

No hace mucho conocí a cierta persona que ejercía una actividad admirada por mí desde hace muchos años. Fue todo por azar y un determinado día me encontraba a solas delante de él y varias veces le pregunté cosas directas que me interesaba saber la respuesta para aplicarla a mi propia experiencia, el resultado solo fueros cambios de tercio que no venían al caso, hasta que ya no pude soportar más la pérdida de tiempo y abandoné por completo la esperanza de que esa persona llegara a ser  mi mentor o algo parecido.

Con esta reflexión os invito a que si veis a alguien que tiene o ha conseguido algo que ansiáis, como mínimo, le preguntéis que ha hecho para llegar hasta ahí y si quiere contestaros que lo haga con dirección y sin andarse por las ramas.


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